APÉNDICE SOBRE TEORÍA DEL CONDICIONAMIENTO OPERANTE
La mala conducta de los organismos (Breland & Breland, 1961)
Una versión clásica y anticuada de la teoría operante acepta que la tasa de ocurrencia de cualquier topología de respuesta puede ser reforzada con cualquier consecuencia arbitraria, pudiendo adquirir los mismos resultados clásicamente observados en ratas jalando palancas o palomas picoteando teclas por comida. Es decir, independiente de la topología de una respuesta y de la consecuencia contingente en ella, esta puede ser arbitrariamente reforzada y su tasa de ocurrencias cambiará según las formas predichas por los programas de reforzamiento de Ferster-Skinner.
El artículo clásico más importante en la tradición del análisis experimental de la conducta que criticó esta idea fue redactado por Breland & Breland (1961), el cual sirvió como punto de partida para lo que posteriormente sería un libro acerca de los factores filogenéticos en la teorización sobre los cambios conductuales (Breland & Breland, 1966).
En el artículo original, Breland & Breland (1961) reportan una serie de casos donde el condicionamiento operante de una topología de respuesta de interés no funcionó debido a lo que los autores llamaron una deriva instintiva (instinctive drift). Aunque los Brelands apuntaron a un fallo real con respecto a la incompatibilidad entre ciertas topologías de respuesta y ciertas consecuencias, es interesante que lo hicieran en el contexto de una etología que ya estaba en proceso de disociarse del concepto de instinto (Lehrman, 1953). No obstante, independiente de este énfasis en el ‘instinto’ a pesar de su desuso tanto del lado del análisis experimental como de la etología, vale la pena resaltar algunas de las observaciones que los autores reportaron:
Las gallinas no pueden ser entrenadas para mantenerse quietas. Cada vez que comida se hace contingente en no hacer nada, o que cualquier forma de atraso se aplica a la presentación de comida, la gallina recurre a un patrón de escarbado en la tierra que refleja sus patrones conductuales específicos de especie a la hora de forrajear. Las gallinas no adquieren comida en la naturaleza quedándose quietas, en cambio, lo hacen escarbando la tierra. Este imperativo genético hace que condicionar a la gallina a quedarse en un solo lugar por comida sea complicado, sino imposible (Breland & Breland, 1961, 1966).
“the chicken apparently cannot simply stand still in one spot for any length of time if this standing still is followed by the appearance of food. What happens is is that throwing any sort of delay into a food-getting sequence almost invariably brings out the chicken's scratching pattern, a prominent part of the behavior with which the gallinaceous birds make their living in the wild.” (Breland & Breland, 1966, p. 103-104).
Los Breland resumen estos reportes de la siguiente manera:
“Here we have animals, after having been conditioned to a specific learned response, gradually drifting into behaviors that are entirely different from those which were conditioned. Moreover, it can easily be seen that these particular behaviors to which the animals drift are clear-cut examples of instinctive behaviors having to do with the natural food getting behaviors of the particular species” (Breland & Breland, 1961, p. 683).
Esta es la hipótesis de la deriva instintiva de los Breland. De acuerdo con ella, los animales ‘se irán a la deriva’ o ‘fluirán’ hacia topologías instintivas pertinentes a la función que la topología arbitraria está intentando lograr. Si la comida de una gallina es contingente en quedarse en un solo sitio, pero la estrategia conductual de esta ave es contingente en moverse de un lado a otro y escarbar, entonces el animal eventualmente ‘fluirá’ hacia sus patrones conductuales instintivos a pesar de la contingencia explícita establecida por el programa del investigador. Del mismo modo, si para el cerdo hozar es un patrón conductual instintivo para el forrajeo y la comida se hace contingente en llevar un billete hacia una alcancía, entonces los patrones conductuales del cerdo eventual e instintivamente se irán a la deriva, hozando el billete en vez de llevándolo hacia la hucha.
“[W]herever an animal has strong instinctive behaviors in the area, of the conditioned response, after continued running the organism will drift toward the instinctive behavior to the detriment of the conditioned behavior and even to the delay or preclusion of the reinforcement. In a very boiled-down, simplified form, it might be staled as "learned behavior drifts toward instinctive behavior (Breland & Breland, 1961, p. 684).
Lo que esto quiere decir para el teórico del condicionamiento es que no toda topología de respuesta puede ser arbitrariamente reforzada, y las limitaciones al reforzamiento de una topología de respuesta radican en el historial filogenético de la especie. Cada especie exhibe patrones conductuales para determinadas funciones biológicas como la alimentación, y en la medida en que las topologías de respuesta se desvíen del patrón conductual propio para la consecuencia contingente, una deriva será exhibida. La razón por la cual esto no es obvio en los experimentos clásicos con ratas jalando palancas o palomas picoteando teclas radican en que las respuestas escogidas para los experimentos paradigmáticos de la teoría operante son compatibles con las estrategias de forrajeo de cada especie. Las palomas efectivamente picotean por comida, y las ratas que se alimentan de otros animales deben arremeter contra ellos (parcialmente como arremeten contra una palanca) para comer.
Con base en estos reportes, la deriva instintiva surge como una superación de tres de los supuestos de la teoría operante clásica:
Una teoría sobre el condicionamiento operante que tome en serio los datos reportados por Breland & Breland (1961), aunque no necesita recurrir necesariamente a la noción de instinto (contrario a lo que los propios autores sugieren), sí debe tomar en cuenta las diferencias conductuales entre las diferentes especies que traen al laboratorio, el historial filogenético de cada una, y cómo sus patrones conductuales están adaptados al nicho ecológico en que evolucionaron.
Más allá del trabajo en patrones de acción fija en la etología clásica, se podría decir que los psicólogos comparativos y fisiólogos antes de Skinner estaban conscientes de este fenómeno, a decir, que los animales no intentan resolver problemas a través de topologías de respuesta arbitrarias y que estos entran al laboratorio con una serie de respuestas ‘preestablecidas’ por su herencia.
Como primer ejemplo tenemos a Thorndike (1898), quien, en su descripción de experimentos con gatos, afirmó que estos intentaban escapar de sus jaulas vigorosamente a través de una serie de respuestas como: tratar de salirse apretados a través de las aperturas, arañar y morder. El vocabulario de Thorndike es fuertemente instintivo. Se ilustra en el siguiente extracto:
“The starting point for the formation of any association in these cases, then, is the set of instinctive activities which are aroused when a cat feels discomfort in the box either because of confinement or a desire for food” (Thorndike, 1898, p. 13).
Es decir, estar en una caja, atrapado, no evoca en el gato una serie de respuestas arbitrarias como materia prima esperando a ser eventualmente emparejadas con el escapar à la Bain (1855). En cambio, atrapar a un gato en una jaula evoca patrones conductuales instintivos relacionados a la caza y a la defensa. El gato intenta huir como lo haría ante un depredador; el gato exhibe conductas instintivas.
Por instinto, Thorndike entendió cualquier reacción que un animal exhiba ante una situación independiente de la experiencia, lo cual implica todo lo que un sistema nervioso de un animal puede hacer en virtud de su herencia genética.
Del mismo modo, los primeros indicios de preparación biológica fueron observados por Garcia, Kimeldorf & Koelling (1955). Estos autores reportaron unos seis años antes de la publicación del artículo de Breland & Breland (1961) sus observaciones acerca de la aversión rápidamente desarrollada al sabor de sacarina en agua cuando este se empareja con irradiación. Sin embargo, no sería hasta un tiempo después que estos estudios sobre aversión de sabores alcanzarían popularidad con el trabajo de Garcia & Koelling (1966), el mismo año en que se publica el libro de Breland & Breland (1966).
Asimismo, Krechevsky (1933) realizó experimentos en laberintos con ratas de diferentes razas que podían emplear distintas “hipótesis” para resolver los laberintos, observando correlaciones consistentes entre las “hipótesis” utilizadas y la raza a la que la rata pertenecía. Es decir, diferentes razas de una misma especie exhiben variabilidad consistente en experimentos clásicamente empleados para estudiar las capacidades ‘asociativas’ de los animales no humanos, una forma de ‘preparación’ biológica antes de que el término entrara en boga.
Por último, Beach (1950) menciona el trabajo inédito de Walter Miles con hurones. Según Beach, Miles descubrió que la privación alimentaria no es suficiente para que un hurón aprenda a resolver un laberinto. Es decir, sin importar cuán privados de comida estén, los hurones explorarán cada callejón sin salida del laberinto antes de alcanzar la meta. Esto podría deberse a alguna forma de deriva instintiva, o de conducta ecológicamente pertinente para el hurón, no tomada en cuenta por Beach al reportar el trabajo de Miles. Del mismo modo, Beach (1950) menciona el trabajo en la conducta de acumulación en ratas, indicando que, aunque la Rattus norvegicus ha sido utilizada para estudiar este tipo de conducta, muchas ratas tienen dificultad para aprender a acumular y a veces nunca lo logran, lo cual explica refiriéndose al hecho de que las ratas normalmente no tienen que acumular comida en condiciones naturales. Esto cuenta como un antecedente en 'preparación' biológica, similar al caso de la aversión de sabores, que motivaría ideas como las de Breland & Breland (1961).
El condicionamiento operante qua procedimiento experimental no tiene los mismos resultados esperados para todas las asociaciones topología de respuesta-modo de estímulo que un investigador pueda desarrollar. Es decir, el animal no puede ser condicionado arbitrariamente. El historial filogenético del animal debe ser tomado en consideración a la hora de determinar cuáles topologías de respuesta y cuáles modos de estímulo serán de interés para el experimento. Aunque Breland & Breland (1961) hicieron ‘pública’ esta perogrullada, indicios de estas ideas ya existían en el pensamiento de autores como Thorndike y Krechevsky, sin contar los primeros pasos que la preparación biológica (en la aversión de sabores) ya estaba tomando en los años 50s.
Bain, A. (1855). The senses and the intellect. John W. Parker and Son, West Strand
Beach, F. A. (1950). The Snark was a Boojum. American Psychologist, 5(4), 115-124. https://doi.org/10.1037/h0056510
Breland, K., & Breland, M. (1961). The misbehavior of organisms. American Psychologist, 16(11), 681-684. https://doi.org/10.1037/h0040090
Breland, K., & Breland, M. (1966). Animal behavior. The Macmillan Company
Garcia, J., Kimeldorf, D. J., & Koelling, R. A. (1955). Conditioned aversion to saccharin resulting from exposure to gamma radiation. Science, 122(3160), 157-158. https://doi.org/10.1126/science.122.3160.157
Garcia, J., & Koelling, R. A. (1966). Relation of cue to consequence in avoidance learning. Psychonomic Science, 4, 123-124. https://doi.org/10.3758/BF03342209
Krechevsky, I. (1933). Hereditary nature of "hypotheses." Journal of Comparative Psychology, 16(1), 99–116. https://doi.org/10.1037/h0072223
Lehrman, D. S. (1953). A critique of Konrad Lorenz's theory of instinctive behavior. Quarterly Review of Biology, 28, 337–363. https://doi.org/10.1086/399858
Thorndike, E. L. (1898). Animal intelligence: An experimental study of the associative processes in animals. The Macmillan Company
Freddy J. Molero-Ramírez
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