Bioprâxis

NOTAS DE ESTUDIO SOBRE LOS NATURALISTAS


Notas sobre Spalding (1873): De polluelos y privación sensorial

El uso del término conducta para referirse a la actividad, a las formas de vida o las maneras de actuar de los animales no-humanos podemos encontrarlo ya en el siglo XIX dentro del trabajo de naturalistas, quienes fueron fundamentales para el posterior desarrollo de la etología y ecología conductual, así como también de la psicología comparativa. Otra cosa que podemos notar en este periodo es que ya estaba en boga el debate de la naturaleza contra la crianza, con Spalding (1873) introduciendo su trabajo particularmente para demostrar la dimensión innata o, mejor dicho, instintiva (tomando en cuenta el contexto histórico académico), de algunas de las conductas de los polluelos.

Su artículo de 1873, titulado “Instinct: with original observations on young animals”, se enmarca dentro del debate sobre el grado en que la conducta animal es instintiva o adquirida. Sin embargo, la cuestión no es solamente si la conducta es innata, ya que el instinto en algunos autores va más allá de eso en este periodo. Lo instintivo, como lo enmarca Spalding, es también lo que se conoce y el significado que las cosas tienen en relación a las tendencias conductuales de los animales no-humanos.

Así, el artículo habla de los animales, digamos los polluelos, como capaces de “reconocer” granos de maíz, de conocer el significado de lo que ven, de medir la distancia entre objetos y de aprender significados. Al menos un grupo de naturalistas le atribuían a los animales no-humanos toda una serie de operaciones mentales que son las que permiten sus movimientos, y la pregunta, como la enmarca Spalding (1873), parece radicar en si estas operaciones mentales que permiten los movimientos son instintivas o adquiridas.

El siguiente extracto de Spalding ilustra que su interés radica no en determinar necesariamente si hay conductas innatas, sino operaciones mentales innatas que tengan como consecuencias estas conductas:

“Professor Bain, our other psychologist, and his able following of trained disciples, simply discredit the alleged facts of instinct. Unfortunately, however, instead of putting the matter to the test of observation and experiment, they have contented themselves with criticising the few accidental observations that have been recorded, and with arguing against the probability of instinctive knowledge” (Spalding, 1873, p. 2).


Si bien como ya hemos visto Bain (1855) no niega que existan instintos, lo que él entiende por ello es muy diferente. Lo que muchos consideran como instinto, tal y como la capacidad de forrajear, de navegar en un entorno, de alimentarse de la madre, de aparearse, etc. es, para Bain, adquirida en la ontogenia. La mayoría de estas acciones ‘instintivas’ no requieren demasiado tiempo para ser desarrolladas, como lo intentó ilustrar en sus observaciones del movimiento de un cordero recién nacido (Bain, 1855, p. 404-406).

Spalding buscó demostrar lo contrario, es decir, que los animales pueden nacer con el “conocimiento” para guiar sus comportamientos. Para ello, puesto que se enfrentaba a la posible objeción de que, tan pronto el animal naciera, el mínimo de retroalimentación sensorial podría ser el punto crítico para desarrollar esas conductas, Spalding escogió a veinte polluelos como los sujetos de su primer experimento. Antes de que estos pudieran eclosionar completamente, Spalding removió un pedazo de cáscara de huevo en cada uno y, antes de que pudieran abrir sus ojos, tapó sus cabezas con capuchas ajustadas en el área del cuello hechas con telas que mantuvieron a los polluelos en “total oscuridad”. Los polluelos continuaron en esta condición entre 1 a 3 días antes de ser desenmascarados en el centro de una mesa con una tela blanca repleta de insectos muertos y vivos. Spalding reportó los siguientes resultados:


Con base en estas observaciones sobre la conducta de polluelos tras privación visual de 1 a 3 días luego de eclosionar, Spalding concluye:

“the experiments that have been recounted are evidence that prior to experience chickens behave as if they already possessed an acquaintance with the established order of nature. A hungry chick that never tasted food is able, on seeing a fly or a spider for the first time, to bring into action muscles that were never so exercised before, and to perform a series of delicately adjusted movements that end in the capture of the insect” (Spalding, 1873, p. 4).


Así, lo que Spalding afirma haber descubierto no es que los animales pueden nacer con conductas genéticamente pre-establecidas, sino que nacen con conocimiento sobre medición de distancia y significación de los estímulos que les permiten generar conductas pertinentes.


En un par de experimentos adicionales, Spalding buscó demostrar que esto no aplica únicamente para sensaciones visuales, sino también las auditivas. En el primero, el autor incubó huevos en una bolsa oscura, donde también mantuvo a los polluelos 1 a 2 días incluso luego de eclosionar. Posteriormente, los colocó aproximadamente a 3 metros de una caja donde una gallina con polluelos estaban escondidos. Spalding reporta que después de 1 a 2 minutos de permanecer de pie, los polluelos corrieron directamente hacia la caja en respuesta a los sonidos emitidos por la gallina, hacia una caja que nunca antes habían visto y una gallina que nunca habían escuchado.

En una variación de este experimento, Spalding observó el efecto del sonido de las madres en polluelos visualmente privados con bolsas en sus cabezas. Estos corrían en círculos o de manera aleatoria al ser estimulados por el sonido, a menos de que estuvieran a máximo 2 metros de distancia, pues en tal caso podían guiarse auditivamente en el camino hacia la gallina incluso si tropezaban con obstáculos. Al respecto:

“when placed within five or six feet of the mother, they, in answer to her call, became much more lively, began to make little forward journeys, and soon followed her by sound alone, though, o f course, blindly keeping their heads close to the ground and knocking against everything that lay in their path” (Spalding, 1873, p. 5).


El segundo experimento auditivo fue bastante similar al primer experimento visual. En este caso, tan pronto los polluelos eclosionaron, sus orejas fueron selladas con papel y, entre 2 a 3 días, los papeles fueron descartados. Los mismos resultados fueron observados: a pesar de nunca haber escuchado algún sonido antes, una vez oyeron una gallina por primera vez, corrieron directamente hacia ella. Así, Spalding concluye con respecto a los resultados:

“They are conclusive against the theory that, in the history of each life, sounds are at first but meaningless sensations; that the direction of the sounding object, together with all other facts concerning it, must be learned entirely from experience” (Spalding, 1873, p. 5).


Otros instintos estudiados por Spalding en los polluelos incluyen aquellos pertinentes a la defensa. Empleando un halcón para evocar las respuestas apropiadas, Spalding descubrió que no era necesaria ningún tipo de asociación hedónica en el desarrollo de los polluelos para responder de manera ecológicamente pertinente al sonido y presencia de depredadores. Asimismo, el escarbar, mencionado por Breland & Breland (1951, 1956) al hablar sobre la incapacidad de las gallinas para quedarse quietas en contingencias gobernadas por reforzadores alimentarios, fue reportada por Spalding en este artículo también. El autor comenta que los polluelos no necesitan ningún tipo de imitación de parte de las gallinas que escarban para demostrar esta conducta:

“Without any opportunities of imitation, when kept quite isolated from their kind, chickens began to scrape when from two to six days old” (Spalding, 1873, p. 6).


Es también curioso resaltar que la imprenta, tan atribuida a Heinroth y Lorenz, fue descrita por Spalding en este mismo artículo como otro instinto: el de seguir algo más grande que ellos y que exhiba movimiento:

“Chickens as soon as they are able to walk will follow any moving object. And, when guided by sight alone, they seem to have no more disposition to follow a hen than to follow a duck, or a human being” (Spalding, 1873, p. 6)”.


A modo de resumen, Spalding (1873) compiló toda una serie de observaciones tanto en polluelos como en gallinas y, en ciertos casos, pavos, que sugieren la capacidad de estas aves de interactuar de manera pertinente con su entorno ecológico sin la necesidad de experiencia previa como la demanda Bain (1855). Es decir, los polluelos no tienen que aprender a picotear, ni que el sonido de una gallina indica calidez y protección. Tampoco tienen que aprender a escarbar imitando, ni a reconocer depredadores y huir de ellos. Contrario a lo que sugería Bain, al menos las especies de aves estudiadas por Spalding demuestran que los animales nacen con la capacidad de ajustarse al entorno sin necesidad de adquisición por medio de ensayo y error.

No se confunda esto con que los animales vienen completamente preparados para lidiar con su entorno. Pues, al respecto, Spalding (1873) menciona que los polluelos deben aprender a no comer su propio excremento. Todos los polluelos observados, según el autor, cometieron este error una vez y no volvieron a repetirlo más de dos veces. Del mismo modo, sus observaciones de los polluelos sugieren que estos deben aprender a reconocer el agua a menos de que venga en términos de gota de rocío.

Spalding (1873) también nota lo que podría considerarse puntos críticos. Aunque los experimentos con polluelos de 2 a 3 días con sus orejas selladas arrojaron que los polluelos corren hacia el origen del sonido de una gallina tras eliminar la fuente de privación auditiva, si sus orejas se mantienen selladas por 10 días estos no responderán al sonido de las gallinas de la misma manera. De manera similar en humanos, Spalding comenta que bebés que fueron alimentados con cucharas en vez de a través de un seno pierden el reflejo de succión. El autor sugiere que estas diferencias se deben a cambios en la organización biológica del individuo, como cambios en su tejido nervioso. Estas observaciones son compatibles con lo que posteriormente se afirmaría de muchos instintos y conductas específicas de especie: si bien parece que no necesitan ser ‘adquiridas’ por medio de mecanismos como los sugeridos por la ley del efecto, existen puntos críticos donde la falta de estimulación hará que estos instintos nunca se desarrollen. Es decir, aunque el polluelo no necesite aprender por ensayo y error dónde se encuentra una gallina, existe un punto donde, si no es estimulado auditivamente por una gallina, este instinto se perderá. Esto es compatible con observaciones ulteriores sobre las capacidades reproductivas de las aves macho, las cuales, aisladas por cierto tiempo, nunca logran reproducirse luego de ser introducidas a aves hembras.


Con esta nota de estudio se concluye con respecto a Spalding que:


Referencias bibliográficas

Bain, A. (1855). The senses and the intellect. John W. Parker and Son, West Strand

Breland, K., & Breland, M. (1961). The misbehavior of organisms. American Psychologist, 16(11), 681-684. https://doi.org/10.1037/h0040090

Breland, K., & Breland, M. (1966). Animal behavior. The Macmillan Company

Spalding, D. A. (1873) Instinct: With Original Observations on Young Animals. Macmillan’s Magazine, 27, 282-293.


Freddy J. Molero-Ramírez

fmolero@mail.uniatlantico.edu.co