Bioprâxis

ANOTACIONES SOBRE CIENCIAS COGNITIVAS Y SU FILOSOFÍA


Notas sobre la distinción entre cognición y conducta, con observaciones para la 4E

“While philosophy and psychology have witnessed abundant disagreement about the nature of cognitive processes, there has nevertheless remained at least one simple, widely shared presupposition about them, namely, that they are different from behaviors. More specifically, cognitive processes have been supposed to be among the mechanisms that drive behavior” (Aizawa, 2014, p. 758).


Es extraño que en el siglo XXI sea necesario demarcar la cognición de la conducta, en especial porque el proyecto positivo de Neisser (1967/2014) incluyó de forma particularmente clara esta distinción que ya era ampliamente asumida incluso antes de la revolución cognitiva.

En una entrada anterior, demostramos que la cognición para Neisser son los procesos por los que la información sensorial es procesada de diversas maneras —incluso en la ausencia de estimulación relevante— para la producción de conductas y experiencias privadas. Del mismo modo, demostramos que Neisser entiende la conducta como la actividad de músculos y glándulas (o, en términos más familiares para el conductista, el movimiento de un ser humano o de sus partes). En resumen, tanto las conductas como las experiencias privadas (las cuales serán importantes en otra entrada) son, para Neisser, distintas de la cognición, siendo estas productos de la última.

Dejando a las experiencias privadas a un lado por el momento, esta distinción entre conducta y cognición no es única de Neisser. Al fin y al cabo, la psicología y la ciencia cognitiva tradicional la heredaron. La razón por la cual esta distinción interesa es por la decisión de diversos defensores de la cognición 4E de reinterpretar la cognición como un tipo de conducta más que como una causa putativa de la conducta. Esto es algo de lo que se percató el filósofo Ken Aizawa (2014, 2015) y considera una limitante en la discusión entre cognitivistas ortodoxos y abogados de las versiones más radicales de la 4E. En palabras de Aizawa:

“[C]ognition has widely been supposed to be different from behavior. It has typically been assumed to be among the causes of behavior” (Aizawa, 2014, p. 755).


Aizawa, sin embargo, no nos refiere a Neisser, sino a dos autores distintos: B. F. Skinner y N. Chomsky en su ‘debate’ sobre la conducta verbal. Si bien ninguno de los dos usó el término ‘cognición’, ambos debatieron sobre el papel explicativo de algo que hoy podríamos llamar cognición en las teorías de la conducta. Mientras Skinner afirmaba que no era necesario apelar a eventos ocurriendo dentro del organismo para explicar la conducta (sea verbal o no-verbal), Chomsky defendía la posición contraria. Aizawa resume de la siguiente manera:

“So, evidently, Skinner and Chomsky shared the view of cognition as among the putative causes of behavior. Skinner rejected the need for cognitive causes of behavior, whereas Chomsky embraced them. It was the acceptance of the need for cognitive causes that was among the defining features of the cognitive revolution during the second half of the twentieth century” (Aizawa, 2014, p. 5).


El punto es que, seamos realistas o no de la cognición, o aceptemos la cognición como una explicación legítima de la conducta, es importante demarcar lo que clásicamente se ha entendido como cognición y qué pretendían hacer los psicólogos y científicos cognitivos con este término.

Aizawa (2014) acusa a los teóricos radicales de la 4E de ignorar esta distinción. Por ejemplo, cuando Maturana define cognición en términos de un dominio de interacciones en las que un organismo puede actuar para su propio mantenimiento, lo que se está haciendo es disolver la distinción ortodoxa entre cognición y conducta: se está afirmando que, más que ser una causa putativa de la conducta, es el dominio de conductas en sí mismo. De esta manera, Aizawa continúa, es natural concluir que la cognición es corporizada, pero la conclusión es trivial ya que la conducta paradigmáticamente es corporizada:

“Maturana does not mean by a “cognitive system” what Cognitivists mean by a “cognitive system.” Maturana explicitly equates cognition and behavior: the process of cognition is acting or behaving in a domain. [...] [O]nce we see clearly what Maturana is claiming, we can also see that cognition, construed as behavior, is typically embodied. Perhaps not all behaviors are embodied, but the paradigmatic cases of behavior certainly are. Once we adopt Maturana’s understanding of ‘cognition’ or his theoretical identification of cognition and behavior, then it falls out quite trivially that cognition is embodied” (Aizawa, 2014, p. 6-7).


También identifica en Chemero el mismo problema. Chemero, afirma Aizawa, define cognición como el mantenimiento activo y continuo de un sistema animal-entorno, logrado por la íntima coordinación de percepción y acción. Para Aizawa, esta definición es más cercana a lo que consistentemente se ha tratado como conducta que a la cognición en sí misma. Sin embargo, más problemático aún, comenta que cambiar el uso de cognición para lo que normalmente se ha denominado conducta no constituye un avance teórico, ya que aún falta determinar las causas putativas de este mantenimiento activo y continuo de un sistema animal-entorno. Al respecto, afirma:

“Grant Chemero his (misleading) terminology, so that we should no longer claim that cognitive processes realized in the brain contribute to the production of behavior. Nevertheless, following Chemero, we can still ask how the processes that are realized in the brain contribute to the production of “cognition.” Presumably, the brain has something to contribute to the production of what Chemero calls “cognition,” but what is this? Perhaps the brain processes information, manipulates symbols, or transforms representations. If it does that, then very little indeed has been changed. On the other hand, maybe the brain does not contribute information processing or symbol manipulation or the transformation of representations. But, if not, then what does it do? What emerges is that we have a (misleading) terminological shift that threatens simply to reformulate the debates of the last half-century without advancing them” (Aizawa, 2014, p. 761-762).


De manera similar a Maturana, definir la cognición de esta manera también trivializa el postulado de que esta es corporizada. Al fin y al cabo, si los procesos cognitivos son procesos conductuales, entonces estos son típicamente realizados tanto en el cerebro, como el cuerpo y el mundo:

“If one understands ‘cognitive processes’ as behavioral processes, then of course, “cognitive processes” are typically realized in the brain, body, and world. Behavioral processes are typically realized in the brain, body, and world. That is just the consensus twentieth-century view” (Aizawa, 2014, p. 762).


Aizawa (2014) concluye que, en consecuencia, no hay nada de radical en esta propuesta, pues resulta no ser más que el consenso del siglo XX con respecto a la conducta. Así, este consenso reformulado por los defensores radicales de la 4E no es una visión radical, sino más bien “pedestre”.


Por otro lado, Aizawa (2015) también ofrece otra serie de críticas contra la identificación de la cognición con la conducta o ciertos tipos de conducta. Por una parte, afirma que hace 60 años los psicólogos “llegaron a la conclusión” de que necesitaban invocar procesos cognitivos internos y complejos para explicar la conducta. Un ejemplo de esto es el argumento de la pobreza del estímulo por Chomsky contra Skinner: se necesitan más que “programas de reforzamiento” para adquirir un lenguaje, ofreciendo estructuras mentales internas y una gramática universal para resolver los “problemas” de la teoría skinneriana.

Adicionalmente, el autor arguye que el bloqueo neuromuscular demuestra que es posible cognizar mientras la maquinaria de la conducta es completamente bloqueada. Al administrar curare a un paciente, aunque este sea incapaz de mover sus músculos por los efectos del bloqueador neuromuscular, este puede seguir siendo consciente de lo que ocurre a su alrededor y tener experiencias privadas.

Es muy difícil determinar si un paciente paralizado con curare está apropiadamente anestesiado. Normalmente, todo lo que se puede saber es que no puede moverse. En consecuencia, ha habido numerosos pacientes que han estado completamente conscientes durante sus cirugías, ergo sufriendo de dolor insoportable, pero sin poder comunicarlo. Además del dolor, comenta Aizawa, estos pacientes podían escuchar y entender lo que los cirujanos decían.

En resumen, puesto que el curare impide la actividad muscular necesaria para la conducta, el hecho de que pudieran afirmar retrospectivamente que sintieron dolor insoportable y reportar lo que escucharon y entendieron de las conversaciones del personal de operación implica que procesamiento cognitivo ocurre independiente de la conducta, que puede verse reflejado en las experiencias privadas y posteriormente usado para informar la conducta.


Por último, Aizawa (2015) toma otro ejemplo del síndrome de enclaustramiento para demostrar la posibilidad de procesamiento cognitivo sin conducta. Sin embargo, este no será elaborado acá, pues el punto es el mismo: en la ausencia de movimiento manifiesto y de incapacidad de controlar los músculos, los seres humanos pueden cognizar.

La moraleja de la defensa de Aizawa (2015) es que es necesario diferenciar la cognición de la conducta. Es decir, la cognición no puede ser un tipo de conducta, mucho menos puede hacerse una equivalencia entre cognición y conducta en su totalidad. Esto se debe a que es posible para los seres humanos tener experiencias privadas y organizar conductas futuras incluso cuando son incapaces de generar actividad muscular.



Referencias bibliográficas

Aizawa, K. (2014). What is this cognition that is supposed to be embodied? Philosophical Psychology, 28(6), 755-775. https://doi.org/10.1080/09515089.2013.875280

Aizawa, K. (2015). Cognition and behavior. Synthese, 194(11), 4269-4288. https://doi.org/10.1007/s11229-014-0645-5

Neisser, U. (with Hyman, I.). (2014). Cognitive psychology (classic ed.). Psychology Press (Original work published 1967)


Freddy J. Molero-Ramírez

fmolero@mail.uniatlantico.edu.co